En la comida le platiqué sobre lo que estaba haciendo, y lo difícil que era. La hablé sobre mis problemas y le conté lo feliz que me hacía fery.
Ya tenía un amigo.
El quedó asombrado con las anécdotas médicas que le compartí y estuvimos mucho rato en el restaurante aunque ya había pagado la cuenta. Fue bastante cómico cuando nos corrieron de nuestra mesa y el me llevó al parque. Casi nunca salía siempre estaba estudiando. Pero Verner, por otra parte, salía muchísimo. Era popular en el pueblito (siempre le he dicho pueblito, aunque sea la capital). Aprendí mucho esa tarde, como que el panadero tan apuesto que me atraía bastante era homosexual, o que la mujer que vendía flores era viuda. Nos sentamos en una banca y continuamos con nuestra charla.
Pero no era feliz completamente. Fery nunca se alejaba de mis pensamientos. Pero la cirugía no era del todo complicada. Es más aparentemente nada podía salir mal. El mundo era mío y era lo que le sigue a una Diosa, era un cirujana.
Todos los días visitaba a Verner. Nos volvimos amigos muy cercanos. Era un pan de Dios, y lo mejor, estaba enamorado de mí. Pan comido. Seguramente seríamos muy felices.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario